Incontables minutos pasan, sumergido en un mundo no real, mientras que el resto de las personas continúan con su vida. Se ven borroso, como destellos caminantes, dándole forma a una ciudad que nunca se detiene. A veces entramos en ese mundo con frecuencia, y para mi, sobre todo ahora, en éste momento de mi vida. En ese mundo se planifica la vida, se sacan cuentas imaginarias, se lamentan los estorbos, se espera por lo mejor, y en general, se vive en la fantasía de un futuro que todavía no es y que no sabes si será.

En ese mundo se arregla el currículo para buscar trabajo, en ese mundo se planifica el siguiente día, en ese mundo se ahorra dinero, en ese mundo se anhelan cosas, en ese mundo se estira el sueldo, en ese mundo se golpea a gente indeseada, en ese mundo se dan discusiones acaloradas en situaciones surreales; en fin, ese mundo se confunde con éste recurrentemente.

Ese mundo nos hace perder la parada, nos hace olvidar momentáneamente las cosas, nos hace viajar a lugares remotos en medio de un examen y hasta causa accidentes fatales, ese mundo conspira constantemente en contra de nuestra concentración y nos hace actuar desordenada e impulsivamente. Siempre queremos más, y por eso ir en contra de éstas distracciones es una tarea inútil. Es a esto lo que yo llamo “la desesperación del querer”.